LA OPINIÓN MÉDICA
A través de los años la ciencia médica se ha interesado y preocupado por el problema del alcoholismo y sus consecuencias. A raíz del nacimiento y crecimiento de Alcohólicos Anónimos se han dado cuenta que uniendo sus esfuerzos y cooperando en sus respectivos campos han logrado la comprensión y la aceptación del alcoholismo como una enfermedad. A continuación presentamos algunas de las opiniones de reconocidas instituciones médicas que han investigado y tratado con el alcoholismo. |
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La Asociación Médica Norteaméricana y la Organización Mundial de la Salud, como muchos otros grupos de profesionales, consideran al alcoholismo como una enfermedad, los jueces y legisladores la van reconociendo también de la misma forma. El Comité Sobre Alcoholismo y Dependencia de las Drogas de la Asociación Médica Norteamericana define al alcoholismo como una enfermedad, en la cual se presenta una ansiedad por el alcohol y la pérdida del control sobre su consumo, como un tipo de dependencia que puede causar daño a la salud de la persona e interferir con su habilidad para trabajar y a relacionarse con los demás. La doctora Marty Mann, fundadora del Consejo Nacional Sobre Alcoholismo en los Estados Unidos, establece que: "Alcohólico es alguien a quién la bebida le causa un continuo problema en cualquier aspecto de su vida". El doctor Mark Keller, profesor de la Universidad de Rochester y editor del Quaterly Journal of Studies on Alcohol, define: "El alcoholismo es una enfermedad crónica de carácter físico, psicológico, psicosomático o social, que se manifiesta como un desorden de la conducta y se caracteriza por la ingestión repetida de bebidas alcohólicas, hasta el punto en que excede lo que se acepta socialmente y que interfiere con la salud del bebedor, con sus relaciones interpersonales y con su capacidad para trabajar". El doctor William Duncan Silkworth, médico en jefe del Hospital Charles B. Towns en Nueva York, consideró: "El alcoholismo es una enfermedad, una obsesión mental, aunada a una compulsión física, entendiendo por obsesión mental, una idea fija y atormentadora que condena al individuo a seguir bebiendo y por compulsión física, un deseo involuntario, más allá de las propias fuerzas del individuo, que no le permite decidir cuando ha de abstenerse de beber, siendo ésta una enfermedad incurable, progresiva y que puede llegar a ser de consecuencias fatales". |
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OPINIONES
DE ALGUNOS DE LOS MÉDICOS QUE HAN ATENDIDO PROFESIONALMENTE AL ENFERMO
ALCOHÓLICO EN MÉXICO. ALCOHOLISMO Millones de
personas de todo el mundo luchan con esta enfermedad funesta que afecta al
hombre entero: física, mental, psicológica y espiritualmente. El
alcoholismo es incurable, la única manera de liberarse es la abstinencia
total, el alcohol no es esencial para la vida, por lo tanto, la persona
puede mantenerse alejada de él. ¿Qué
podemos hacer cuando se nos solicite ayuda de algunos amigos o parientes?
Examinarse con franqueza. El primer
problema que encontramos como profesionales, es enfrentarnos con la negación.
El negar que es alcohólico es uno de los mayores obstáculos que el
enfermo alcohólico tiene que superar, porque la negación es una forma de
no ser sincero consigo mismo, es racionalizar con un propósito, proteger
la libertad de beber justificándose: “No soy tan malo”. Quizá
razone: “Tengo mi familia, empleo, dinero, prestigio y poder”, sin
embargo, la negación impide que los amigos o profesionales los puedan
ayudar a salir adelante. Cuando un
amigo o un familiar se nos acerca y nos dice que está preocupado porque
su enfermo está bebiendo demasiado, lo que nos compete hacer a los médicos
es un examen franco y serio de su enfermedad. ¿Puede
vivir sin alcohol una semana entera, todo un mes o varios meses?, de no
ser así, ¿a qué se debe? No debe ser como el hombre que se engaña con
razonamientos falsos: “Este es semejante al hombre que mira su rostro
natural en un espejo, pues se mira y se va, e inmediatamente olvida que
clase de hombre es.” Un alcohólico,
cuando inicia su actividad alcohólica, hace periodos de abstinencia y
esto lo hace creer que puede vivir y estar capacitado para no usar la
droga en breve tiempo, piensa que ya
está curado. Esta manera de razonar crea la peor clase de adicción,
es el primer paso a la recaída a fin de recibir la negación de la
realidad. No debe luchar solitario, para esto existen grupos de
auto-ayuda, los Grupos de Alcohólicos Anónimos. Buscar ayuda
para poder vencer el alcoholismo. Aunque el enfermo alcohólico esté
sobrio, tiene que aceptar la ayuda de los demás. Para aquellos que
conocemos Alcohólicos Anónimos, sabemos que su objetivo principal es
transmitir el mensaje. Nunca se
debe pensar que la abstinencia es suficiente para recuperarse. Se necesita
la práctica diaria de los Principios y asistencia al Grupo. Detrás del
alcoholismo existen problemas más profundos a los que debe enfrentarse,
no basta con dejar de beber, se tiene que analizar el pasado, examinar las
lecciones de la infancia, entender como afectaron y, ante todo, corregir
el comportamiento. Generalmente
hace falta el amor propio y más si existen delirios de grandeza, la
recuperación exige un cambio de la vieja personalidad. Quizá uno
de los pasos más difíciles es la aceptación de la enfermedad, pero es
un requisito indispensable cuando alguien quiere recibir ayuda: aceptar
que es enfermo alcohólico. Cuando va caminando debe de tener
suficiente confianza para entregar su vida al cuidado de un Poder Superior
a él mismo, entonces entenderá que debe cultivar una relación personal
con Dios como él lo conciba. Esto hace
cambiar la actitud, la conducta y da otra manera de vida. Toda relación
con un ser humano o con Dios exige y requiere de franqueza, honradez y
confianza. Doctor
Guillermo Velázquez Sámano, Hospital General CAPRA. LA
COMUNIDAD MÉDICA TRABAJA CON ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS Recibí
el título de Médico Cirujano en la Universidad Autónoma “Benito Juárez”,
de Oaxaca, en julio de 1979. Posteriormente realicé estudios de postgrado
en la especialidad de hematología y, cuando sentí que tenía los
conocimientos para ejercer la carrera de medicina, me inicié en esta
ciudad tan hermosa como la ciudad de Oaxaca dando clases en la Universidad
Regional del Sureste, en donde me di cuenta del grave problema del
alcoholismo que se presentaba en la comunidad universitaria. Así,
como Perito Médico Legista de la Procuraduría en el turno nocturno,
adscrito a la Agencia del Ministerio Público, que también es dependiente
de la Procuraduría del Estado, confirmé que esta malvada enfermedad del
alcoholismo era la causa más frecuente por la que se originaban las
averiguaciones previas: por accidentes, contusiones a terceros, insultos y
amenazas, pleitos de cantina, politraumatizados por estar en estado de
ebriedad. Al mismo tiempo me nombraron jefe del servicio de urgencias en
la unidad hospitalaria “Presidente Benito Juárez” (Hospital Regional)
y fue hasta ese momento en que realmente me di cuenta y puse los pies
sobre la tierra de tantas personas que fallecen por el alcoholismo, sus
complicaciones y daños a terceros ocasionados por el alcoholismo. En
ese momento pensé que uno de mis objetivos en la vida era ayudar al
enfermo alcohólico y realizando medicina preventiva hacia la comunidad
alcohólica. Corría el año de 1980 y, sin conocer el Programa de Alcohólicos
Anónimos, empecé en forma individual a tratar el alcoholismo. Les
administraba en forma oral disulfuro de bisdietiltiocarbanil, esto era
para sensibilizar el organismo contra el alcohol, al mismo tiempo, les
daba alguna vitamina en forma de “Complejo B” por vía intramuscular
para fortalecer el organismo; también les administraba un antiácido para
evitar la gastritis y colitis, además, un medicamento antisemítico para
prevenir y evitar el vómito; por último, un tranquilizante por vía oral
o intramuscular, sabiendo perfectamente que en la caja del tranquilizante
hay una leyenda con letras grabadas que dice: “No se administre a las
personas que han ingerido licor, porque puede ocasionar un paro
respiratorio.” ¿Qué
pasaba después de juntar tanta ciencia en un solo paciente? No pasaba
nada. El enfermo alcohólico en horas o días volvía a ingerir licor,
aunque reconozco que hubo pacientes que dejaron de beber licor 45 ó 60 días,
pero posteriormente recaía con más fuerza. Fue cuando me dije a mí
mismo, que como médico, me declaraba incompetente para dar ayuda y sacar
adelante a un enfermo alcohólico sólo con la ayuda médica: tuve que
pasar una vivencia en mi vida médica para empezar a saber cuál era la
forma adecuada de ayudar a un alcohólico. Un
paciente del que era yo su médico familiar y trataba su problema de
alcoholismo, trato de recordar cuántas veces fui a su casa para
instalarle venoclisis, aplicarle medicamentos para controlar las crisis
convulsivas, manejar el sangrado de vías digestivas altas y, lo que más
me llamaba la atención, era un paciente al que nunca había visto de pie
o sentado. Todas
las veces que su esposa acudía al consultorio para brindarle ayuda médica,
estaba tirado en un tapete o acostado en una cama, pero nunca lo conocí
de pie ni siquiera conocía el timbre de su voz porque estaba tan ahogado
de borracho, que no hablaba, sólo emitía sonidos guturales. Tal vez
fueron más de quince veces las que acudí a su domicilio, lo mismo era ir
a las tres de la madrugada que a las doce del día; esto transcurrió en
un lapso de seis u ocho meses y cada vez su enfermedad de alcoholismo era
mayor. Recuerdo
perfectamente que en una de las últimas visitas, hablé con toda la
familia y fui claro con el pronóstico de su vida: No vivirá más de seis
meses. Hubo llanto por parte de su hija; angustia en su esposa; la madre
del alcohólico enmudeció, bajó la cabeza y se retiró de la habitación. Pasaron
los meses, tal vez un año, cuando una tarde se presentó en mi
consultorio particular una cara que me parecía conocida y, con bastante
facilidad de palabra, me dijo: “Buenas tardes doctor, soy Juan, enfermo
alcohólico en vías de recuperación (uso el nombre de Juan para proteger
su anonimato) y vengo por ayuda médica porque tengo dolor en el conducto
auditivo derecho.” No
supe que contestar, porque de momento, casi estaba seguro de que la
persona que tenía enfrente bien vestida, buenos modales y facilidad de
palabra, era esa persona que visité en su domicilio particular en múltiples
ocasiones, era la misma persona a la que pronostiqué su muerte un año
antes. Después de que terminó la consulta, con mucho respeto le pregunté
si era la misma persona que conocí y él, con mucha seguridad de sí
mismo y con un sentimiento de humildad, lo confirmó. En
ese momento asaltaron decenas de preguntas en mi cerebro, lo único que
pude preguntar fue: “Juan, ¿qué médico te curó?” Él me contestó
que no estaba curado, que se estaba recuperando en un Programa
de vida que se llama Alcohólicos Anónimos. Entonces se gestó dentro
de mi cerebro una mezcla de admiración, incredulidad, sorpresa y muchas
otras cosas, que me dije a mí mismo: ¿Cómo es posible que un grupo de
borrachos, que se reúnen todas las noches, sacaran adelante a este
enfermo que estaba predestinado a morir y que la ciencia médica no había
hecho nada, o casi nada por salvarlo? Me
entró la curiosidad de saber que hacían aquellos señores que se reunían
por las noches a las 20:30 horas y que llegaban uno por uno a un local con
un foco, que apenas y alumbraba un triángulo azul, que se sentaban en
sillas o bancas y que podía apreciar cuando llegaba otro enfermo alcohólico
y alzaba la cortina que servía de puerta. Veía a aquel señor que en su
casa era un prepotente, dictador, ogro, incapaz de levantar siquiera un
vaso y llevarlo a la cocina. En
ese momento presenciaba uno de los muchos milagros que hay: ese prepotente
dictador estaba barriendo el Grupo de Alcohólicos Anónimos, sirviendo
café, trapeando, pero lo más importante, se estaba recuperando poco a
poco de su enfermedad de alcoholismo. Me
fue difícil aceptar como profesional de la medicina, que otras personas
no médicos estaban haciendo más que la ciencia médica, que en los últimos
quince años que me han invitado a participar como amigo de Alcohólicos
Anónimos, he pasado decenas o tal vez centenas de casos similares. Le
doy gracias a mi Poder Superior el que me haya puesto frente al
maravilloso Programa de Alcohólicos Anónimos y programas paralelos,
porque he podido aprender de mis amigos Alcohólicos Anónimos, quienes
han cambiado mi vida positivamente y la de mi familia, esto sin ser alcohólico.
Tengo 16 años de no probar una gota de vino o licor, además, me siento
orgulloso de ser un amigo de Alcohólicos Anónimos. Le doy gracias al
Programa de darme tantas cosas positivas, que no podré pagarles nunca lo
que han hecho de mi persona. Gracias
a Alcohólicos Anónimos. Doctor Marco Antonio Callejas, Hospital Regional “Presidente Benito Juárez”, Oaxaca, Oaxaca.
Fuente de Origen: Folleto AA como alternativa de solución... dicen los médicos.
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