EXPERIENCIAS DE MIEMBROS DE AA
Experiencias. Basado en las experiencias de los Alcohólicos Anónimos en México.
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Introducción.
Los Alcohólicos Anónimos sabemos que es necesario practicar nuestro Programa de Recuperación, contenido en los Doce Pasos, para obtener un Despertar Espiritual; y así, encontrar la Sobriedad y el camino genuino de la Alegría de Vivir.
En nuestra Agrupación, prácticamente no se ha logrado obtener Recuperación alguna, sin que exista la fe y la dependencia en un Poder Superior; y es, precisamente, una experiencia espiritual la que nos conduce a la liberación.
La selección de experiencias espirituales, contenidas en este texto, no pretenden ser perfectas, sólo constituyen una muestra, relativamente pequeña, aunque bastante representativa, de la totalidad de vivencias de los miembros de nuestra Comunidad.
Hemos logrado conjuntar experiencias de hombres y mujeres de distintas edades.
Es preciso recordar, lo que los Pasos Dos y Doce enfatizan; que estas experiencias se pueden presentar de dos maneras distintas: Gradual o, repentinamente, sin embargo, el resultado siempre será el mismo, ¡el progreso espiritual! Miles de Alcohólicos Anónimos lo han vivido y, así lo han compartido.
Las experiencias contenidas en este libro, ilustran de manera sencilla, y con un lenguaje accesible, la forma en que el amor de Dios ( como cada quien lo concibe), y sus frutos se hacen presente en nuestras vidas.
¡Quiera Dios que estas experiencias nos sirvan para encontrar el derrotero espiritual, tan necesario para conservarnos sobrios!
La escalera
Jamás, dentro de mi vida alcohólica, me detuve a analizar lo que observaba y escuchaba, mi mente siempre nublada, obscurecida, no acataba las órdenes que mi cerebro dirigía a mis sentidos (háblese de sentimientos ).
Solamente vivía de manera mecánica, automática. Cierto día, después de vivir “la gran borrachera ”, y de haber destrozado las fibras materiales y sentimentales de mi familia, contando por supuesto las mías, me observé con detenimiento, caminando por una escalera. Iba al lado de cuatro compañeros de AA hacia la segunda planta de la casa de uno de ellos, la finalidad era ver una gran película, en la cual, Bill W. es el actor o personaje principal.
Posteriormente, me senté al lado de mis compañeros, atento a lo que en dicha cinta ocurría, me sentía aterrorizado, acabado, sin ánimos de vivir; la espantosa cruda que vivía en esos momentos me mataba, parecía que ahora sí, en esta recaída moriría.
Pero mi Poder Superior, con magnanimidad, iluminó al actor principal (al que representaba a Bill), en cierta escena: “en la escalera de una tienda departamental, Bill resbalaba y caía con su regalo para Lois, que trabajaba en dicho lugar”. La sensación que tuve en ese momento no la puedo describir, yo era ese personaje; sentía, dolor, tristeza y desesperación.
Pasando algunos segundos, me sentí diferente, con ganas de vivir, de reparar daños, de dejar de beber. La escalera, en ese momento fue un signo hacia la felicidad que andaba buscando; una escalera hacia arriba, hacia la cúspide, hacia mi Poder Superior, hoy Dios.
Desde ese día no he hecho contacto con el alcohol, ni con un cuentagotas, ahí está la escalera hacia la sobriedad.
R. G.
Dios es sabiduría
Antes de llegar a AA viví una experiencia que posiblemente, muchos hemos vivido: mi novia me dio la noticia de que estaba embarazada. No sabía ni que pensar, pues aparte de estar viviendo mi alcoholismo en pleno, no tenía ni en que caerme muerto. Llegó a mi mente la idea de negar mi responsabilidad en los hechos, inclusive, decir que no era mío; pero algo dentro de mí me dijo que: “Eso no era de hombres”. A pesar de ver la tormenta que se avecindaba, traté de tomar las cosas con calma. Lo medité durante varios días y una noche que me encontraba solo en mi cama, no podía dormir y le pedí a Dios, como Yo lo concibo, que me iluminase para tener paciencia y sabiduría, de como resolver mi vida. Tuvieron que pasar tres años más para conocer el Programa de AA, pero después de algunas 24 horas sin beber, empecé a comprender que Dios me había mandado allí para darme cuenta de mis errores.
Debo mencionarles que a pesar de haber recaído, tuve que regresar porque me di cuenta que en ninguna parte me ayudarían a reconocer cuáles fueron las cosas que me orillaron a beber y a descoyuntar mis defectos. Hoy sé que AA es la universidad de la vida, aquí encontré esa sabiduría que le pedí a Dios para sacar a mi familia adelante.
Anónimo.
Mi experiencia espiritual
Cuando llegué a AA, y escuché a mis compañeros hablar de la Segunda Tradición, hablaban de un Dios amoroso que se manifiesta en la conciencia del Grupo, también de la necesidad de poner la vida y la voluntad al cuidado de Dios.
Automáticamente mi mente rechazaba todas esas cuestiones que se referían a Dios, experimentando miedo provocado por el concepto equivocado que tenía de Dios. Hoy me puedo dar cuenta del porque de mis continuas recaídas; mi mente jamás había dado cabida a que existiera un poder mayor que yo (Dios), hasta que mi sufrimiento se hizo más agudo; mi manera de pensar y sentir seguía vigente. Pensaba y sentía que Dios era injusto y castigador. Tenía la idea de que las guerras, las enfermedades raras, los niños y ancianos abandonados y maltratados, las jovencitas violadas con crueldad, aunado a todo lo que me había pasado a mí, era culpa de Él; pensando y creyendo que Él con su gran poder, podía solucionar todo eso y más. Sin tomar en cuenta de que Él nos dio libre albedrío y respeta la decisión de todos lo seres humanos. Había caído en la indiferencia, llena de autosuficiencia, había adquirido prejuicios en contra de la religión. Lo que dice en el segundo paso: “No pedía, sino exigía y me la pasaba recriminándolo porque no me concedía mis caprichos”. ¿Cuál cordura, cuál sano juicio? Fue entonces cuando Dios me dio la oportunidad de cambiar mis conceptos respecto a Él a través de la experiencia espiritual que tuve y que fue de esta manera
Mi última borrachera fue el 31 de diciembre de 1996 . Para amanecer el 1º de enero de 1997 , regresé a mi casa hasta las manitas como a las diez de la mañana, me acosté a dormir la mona y no desperté hasta el día 2 como a las nueve de la mañana. Me pasé casi 24 horas durmiendo, lo curioso es que cuando me desperté, no había cruda ni física, ni moral; no había ningún malestar que me hiciera recurrir a la botella, me sentía súper bien. Algunos días después, me encontraba profundamente dormida cuando escuché una voz muy cerca de mi oído que dijo: “Yo siempre he estado a tu lado y siempre te he amado, pero ni soy malo ni convenenciero, la mala y convenciera eres tú”. Y es que en realidad esas siempre eran mis palabras cuando hablaba de Él. Les ruego me disculpen por la expresión, pero exactamente esas fueron las palabras que escuché. Inmediatamente abrí mis ojos y me senté. Enseguida voltee a ver a mi esposo, creyendo que era él quien me había hablado, pero no era así, él estaba profundamente dormido y dándome la espalda. Todo ese día lo pasé como ausente, como si me hubiera fugado de la realidad.
Meditando sobre lo que había escuchado, se lo comenté a mi madrina, pensando que no me iba a creer, pero fue todo lo contrario. Me dijo que era una manifestación de Dios y que me agarrara de eso para no volver a beber, que podía ser el inicio de mi derrota ante el alcohol.
Fue entonces cuando empecé a sentir la necesidad de tener conocimiento respecto a Dios. Hoy sé que mi Padre Celestial es todo amor y bondad. Sé que todo lo que nos pasa es provocado por el mismo hombre, entonces pude comprender mi forma equivocada de pensar y actuar. Curiosamente, desde 1985 en que llegué a AA por primera vez, siempre me la pasé entrando y saliendo, nunca pude dejar de beber. Por la gracia de Dios, el día de hoy he dejado de beber con alegría; para mí, esta experiencia fue mi despertar espiritual.
Anónimo.
Conferencia: "Acción Delegada de la Conciencia de AA"
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